El récord mundial de contener la respiración bajo el agua lo tiene un español desde 2016.

En una hazaña que figura en el libro de los Guinness World Records, Aleix Segura logró mantenerse sin respirar bajo el agua por 24 minutos y tres segundos.

Aleix Segura, buzo, tiene 34 años. Pero no les voy a hablar de él. Solo sostengan esa referencia por 15 minutos o menos.

Dolores Gabriel Hernández no pudo resistir tanto. El peritaje dice “pudo haber vivido aproximadamente de diez a quince minutos, ya que era un niño de término”.

De término. Listo para nacer y para el mundo de allá afuera. Al menos para lo que solemos creer que es el mundo de allá afuera para un bebé recién nacido.

Dolores Gabriel Hernández murió de asfixia y desangrado.

“Por obstrucción de la vía aérea superior con heces y la hemorragia severa por el ombligo”, dice el expediente del caso.

A Dolores Gabriel Hernández lo habían lanzado a una fosa séptica apenas nacido. Con el ombligo sangrando por el cordón umbilical apenas arrancado.

Y trató de respirar.

Él no sabía de buceo, ni de récords, ni de contener la respiración. Él solo necesitaba del abrazo de una madre.

La madre que no lo quiso y lo lanzó a un agujero lleno de heces.

Su madre es famosa en estos días. Aunque por pseudónimo.

Manuela, le dicen. Manuela titula la prensa. Manuela, Manuela, Manuela, se repetía. Manuela, Manuela, Manuela, en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Dolores Gabriel Hernández no es tan famoso. Dolores Gabriel Hernández nunca dijo nada.

A los gritos de angustia y dolor de un bebé recién nacido los acalló una fosa. Llena. De. Heces.

Tómense un minuto para verlo. O quince, mejor.

Imagínense ustedes. Les adelanto. Para los que no somos Aleix Segura, en promedio resistimos 30 segundos sumergidos bajo el agua sin respirar.

De seguro primero quieres gritar, y al hacerlo respiras y tragas heces. Quieres llorar, más heces. Luego ya no puedes. Luego el cuerpo se resigna. Se rinde. No hay oxígeno. El cerebro no puede más. Te apagas. En la desesperanza y el abandono.

Pero no es un adulto. Es alguien que ni siquiera podría estar leyendo estas líneas ni estar imaginando estas escenas.
Es un recién nacido. Ahogado en heces.

Manuela, Manuela, Manuela. Manuela no se llama Manuela.

Manuela en verdad se llama María Edis Hernández Méndez de Castro.

María Edis Hernández Méndez de Castro fue condenada a 30 años de cárcel por asesinar a su hijo.

A María Edis Hernández Méndez de Castro la mató un cáncer pocos años después de ser sentenciada.

Hoy repitiendo Manuela, Manuela Manuela, un pequeño pero adinerado y ruidoso grupo de ONG quieren que olvidemos a Dolores Gabriel Hernández y que murió sumergido en heces tras ser arrojado por su propia madre.

En estos días, ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos quieren decirle a todos que ese asesinato no fue asesinato. Que fue todo culpa de la prohibición del aborto.

Dicen que despedazando a niños en el vientre materno se evita que los niños sean lanzados a fosas sépticas y mueran asfixiados en heces.

Dicen que Dolores Gabriel Hernández lloró y gritó en vano mientras en 15 minutos o menos se le iba la vida.

Que morir desangrado lanzado a una fosa séptica, y asfixiado, es lo mismo que nada.

Que Dolores Gabriel es nada.

Que no pasó nada.

Dolores Gabriel no vivió para saber que se llamaría Dolores Gabriel. Su madre no le puso nombre. Pero hay quienes lo han amado más.

Hay quienes lo recuerdan y lo defienden. Y yo quiero ser uno más.

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