La reciente Marcha por la Vida de Lima en Perú, que marcó un nuevo récord con 800.000 participantes, removió algo de desinformación y su dosis de haters. ¿Resultado? Algunas quejas de “incoherencia” e incluso “hipocresía” por parte del católicos con respecto al aborto.

Y para no dejarlo pasar, me decidí a abordar y responder a algunas de estas supuestas incoherencias, no vaya a ser que a pulso de repetirlas, al menos en las mentes de algunos, se conviertan en verdad.

Ahí vamos.



1. “Son provida, pero apoyan la pena de muerte”

Esta es una de las cosas que me ha sorprendido. Ver críticas de “incoherencia” de aquellos que hacen lo opuesto: rechazan la pena de muerte para violadores sexuales, al tiempo que promueven el asesinato en el vientre materno de un bebé completamente inocente.

Pero, por partes. En principio, la Iglesia no “apoya” la pena de muerte.

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica, compendio de nuestra fe, en su numeral 2258:

La vida humana ha de ser tenida como sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador, su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término; nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un ser humano inocente.

Esto aplica a toda vida humana. Absolutamente toda. Más allá de delitos y pecados, toda vida es sagrada.

Esto, atentos, no niega la posibilidad de la legítima defensa, pues “el que defiende su vida no es culpable de homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe mortal” (numeral 2264).

Dicho esto, la Iglesia no apoya ni promueve la pena de muerte. Pero sí la reconoce como un camino lícito “si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas” (numeral 2267).

Tanto así no la promueve, que reconoce que en la actualidad “como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo ‘suceden muy […] rara vez […], si es que ya en realidad se dan algunos’”.

Este punto fue extenso, pero creo que deja claro el panorama. Sigamos.

2. “Son provida, pero una vez que nacen los dejan a su suerte”

La Iglesia, que somos todos, tiene siempre pocos recursos, pero siempre han estado a disposición de los más necesitados. Así, abundan los asilos para ancianos atendidos por religiosas y religiosos, escuelas gratuitas o de muy bajo costo, centros de ayuda para personas caídas en las garras del crimen, comedores, viviendas, atención de salud y tantas otras asistencias realizadas por Cáritas en todo el mundo, y más, mucho más.



Para ser local, un ejemplo valioso: el Hogar Gladys, que atiende a mujeres embarazadas violadas o abandonadas por sus parejas en ciudades como Jaén, Arequipa, Piura, Chiclayo y Lima.

O la Asociación de las Bienaventuranzas, que ya suma tres casas para acoger a niños abandonados, incluso desde bebés, muchos de los cuales tienen enfermedades congénitas.

Y solo estoy mencionando dos. Pero insisto, iniciativas similares abundan. En algún momento yo, disculpen la autorreferencialidad, encabecé un grupo de jóvenes que llevábamos comida por las noches a personas en calle en Trujillo. Ya les digo, Iglesia somos todos los bautizados, y todos hemos de poner de nuestra parte en favor de toda vida humana.

Ni antes ni después del parto dejamos a las personas a su suerte.

Mientras, busquen ustedes mismos en el sitio web de la Agencia Peruana de Cooperación Internacional (APCI), cuántos de los cientos de miles de dólares que reciben anualmente las ONGs en Perú de transnacionales como Planned Parenthood –acusada de traficar con órganos de bebés abortados en Estados Unidos– que promueven el aborto se van en financiar hogares para mujeres violentadas, ayuda psicológica o material, y cuánto se va en lobby político y eventos y viajes para parlamentarios o médicos. Saquen ustedes las cuentas.

3. “Son provida, pero si el niño nace gay lo dejan sin derechos”



Esta es una crítica ideologizada. Porque en principio, no hay ninguna evidencia científica de que la homosexualidad sea genética o que se nazca gay.

Aclarado esto, ya he señalado líneas arriba las muñas formas en las que la Iglesia realmente ayuda a todas las personas, antes o después del parto.

Una réplica a esto, la veo venir, es que los “derechos” a los que se refieren son el mal llamado “matrimonio” gay o la adopción de niños. Pues estos no son, ni de cerca, derechos humanos.

El matrimonio, sociológicamente (ninguna cita del Catecismo por aquí), es una institución conformada por un hombre y una mujer, fomentada por el Estado porque ahí se generan, se crían y educan los nuevos ciudadanos. Al Estado, legalmente, no le interesa si en un matrimonio se aman o no, porque el amor no está legislado. Lo que le importa es la estabilidad del matrimonio y la buena crianza de los niños.

En este enlace dejo una muy buena y muy breve explicación sobre por qué el matrimonio homosexual no tiene ningún sentido para la sociedad.

¿Esto significa que la Iglesia o yo odiemos a los homosexuales? Definitivamente no. Los homosexuales, dice el Catecismo, “deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (numeral 2358).

Nota adicional, las personas con tendencia homosexual, como todos los demás hijos de Dios, están llamados a la santidad, a encontrarse con Dios en el Cielo. ¡Vaya negación de derechos!, ¿eh?

4. “Son provida, pero no apoyan la vida de una niña violada que recordará toda la vida a su violador”



Las cosas claras: el aborto no “desviola”, no borra la violación. Una mujer, niña, adolescente o adulta, no volverá al pasado y desaparecerá la violación tras abortar a su bebé.

Y al bebé ya nacido lo puede dar en adopción y no verlo más.

El aborto, por el contrario, empeora la salud mental de la mujer violada, al agregarle el muy reportado síndrome post aborto (un tipo de estrés post traumático), que incluye depresión, pensamientos suicidas, pesadillas recurrentes, entre otros.

Pero hay más y peor. El aborto borra la prueba más contundente para sancionar al violador: el bebé con ADN del violador.

Precisamente por eso, en Estados Unidos (el paraíso de tantos promotores del aborto), se han reportado abundantes casos de violadores que llevan a las niñas violadas a las clínicas de aborto para deshacerse de la evidencia y seguir sometiéndolas a sus abusos. Esto, claro, con la complicidad de los centros de aborto.

En 2014, Life Dynamics denunció 60 casos de abortorios que encubrieron violaciones de menores.

¿Ahora ven más claro a quién en verdad beneficia el aborto en caso de violación?

5. “Son provida, pero luego no dejan inscribirse en las escuelas a hijos de padres solteros o convivientes”

Nuevamente, por partes. En principio, si un niño puede ir a la escuela es porque se le permitió nacer. Y precisamente por eso sus padres tienen la posibilidad de elegir si va a una escuela católica, a una adventista, a una totalmente laica o a educarlo en casa.

Nuevamente el derecho a la vida resulta siendo el principal de los derechos sin el cual ninguno de los demás se puede ejercer.



Pero sí hay una pequeña dosis de verdad en esta crítica, aunque la generalización es muy injusta. ¿Hay escuelas católicas que niegan la inscripción de niños hijos de padres que no están casados por la Iglesia? Sí, las hay. Pero no en todas.

En una de las escuelas en la que estudié, de sacerdotes agustinos, he compartido enseñanza con hijos de convivientes e incluso ateos. En otra, católica dirigida por laicos, compartí aula con una compañera perteneciente a los testigos de jehová, que tenía incluso permiso para no participar en la clase de religión. Sus padres, obviamente, no estaban casados por la Iglesia Católica.

En fin. Si bien entiendo parcialmente la lógica que pueden seguir algunas de estas escuelas –que los padres, católicos casados, ayuden en la formación cristiana de sus hijos–, creo que el pedido del matrimonio sacramental es una restricción que debe desaparecer en aquellos lugares donde aún exista. Esto, creo, ayudará a la evangelización de niños hijos de ateos, agnósticos, o católicos “no practicantes”. Por algo habrán decidido que sus hijos estudien en una escuela católica, ¿verdad?

Me sumo en esto a las palabras del arzobispo de Arequipa, Monseñor Javier del Río: “La Iglesia protege al niño. No puede haber colegios católicos que no acepten a estudiantes sin padres, o que sean producto de una violación. Esas mujeres que decidieron tener a su hijo necesitan mucho más nuestro apoyo”.

Si tienen más “incoherencias” por ahí, les ruego me las alcancen en los comentarios para un siguiente post.