Los que promueven el aborto no tienen argumento científico alguno. Todo es pura y simple ideología. A veces bien disfrazada, maquillada, pero no es más que ideología.

Y por eso te quieren mudo. Porque así no tienen que ahondar en sus frágiles ideas.

Porque no es que les interese en qué momento un ser humano es tal. Ellos quieren matarlo en cualquiera de los casos: hombre, mujer, 3 semanas o 33.



Le llamarán cúmulo de células aunque ya tenga sus brazos o piernas desarrolladas. Te dirán que no es un bebé hasta que nazca (mientras, cuando mueve sus manitas dentro del vientre materno es, aparentemente, simplemente un objeto).

Te presentarán el escenario más dramático posible de una mujer que jamás han conocido para decirte que el aborto por violación es un derecho básico.

Te dirán que eres un intolerante religioso, aunque les hables de ciencia.

Te dirán que no te preocupas por los que ya han nacido, para ocultar que ellos hablan de matar a alguien que ni siquiera ha tenido la oportunidad de respirar.

Te dirán que no hables desde tu fe, cuando es un derecho humano fundamental la libertad religiosa y el libre pensamiento.

Te dirán que como hombre no tienes derecho a opinar, cuando tampoco le dan el derecho a opinar a las bebés -¡mujeres!- que son asesinadas en el vientre. Tampoco a las que están a favor de la vida y en contra del aborto, por cierto.



Te dirán que el aborto salva vidas, cuando en verdad es todo lo contrario: mata bebés y somete a las mujeres al síndrome post aborto, un tipo de estrés post traumático.

Y sobre todo, callarán que mientras las campañas de legalización del aborto son financiadas por ONGs con millones de dólares, nada de esos fondos va destinado a los centros de acogida, ayuda psicológica, atención de embarazos en riesgo. Mientras que entre los que promueven la vida, sobran los centros de ayuda a las mujeres embarazadas, sobran los hogares para madres, sobran las donaciones de insumos básicos, sobran adopciones.

No te hablarán sobre los abundantes casos de mujeres abusadas sexualmente, llevadas por sus violadores a abortar para ocultar su crimen, con la complacencia de los centros abortivos.

Tampoco te dirán nada del escándalo de tráfico de órganos de bebés abortados en Estados Unidos.



Por eso, habla. Porque te quieren callado, te quieren callada. Te quieren mudo de miedo.

Al principio te lanzarán piedras para que calles. Te llamarán todo lo que ya he dicho arriba. Pero verás que somos muchos más los que defendemos la vida. A los que no nos han engañado. A los que no nos han pagado millones de dólares de ONGs extranjeras.

Habla, porque ellos, en el vientre, aún no tienen voz.