El Santuario de Guadalupe está a unos 7 kilómetros del centro de Ciudad de México.

Su existencia se remonta al siglo XVI, cuando Santa María se le apareció en el cerro Tepeyac al indio San Juan Diego, encargándole que pida al obispo de México que le construya un templo en la zona.

Como el obispo no creyó en el mensaje, la virgen de encomendó llevarle unas rosas que milagrosamente aparecieron en el cerro. Al presentarle las rosas, la tilma de San Juan Diego mostró la imagen de Santa María. Desde entonces, han pasado casi 500 años.

En la Villa de Guadalupe no se encuentra solo la nueva Basílica de Guadalupe, que data de la década de los 70s del siglo pasado. Hay además otros templos más pequeños y más antiguos, pero que no dejan de tener una parte en la historia del acontecimiento guadalupano.

Pero vamos por partes.



Primero lo primero, la Basílica nueva. Aquí se celebran cada día, los 365 días del año, más de 10 misas, desde las 6 de la mañana hasta las 8 de la noche.

Cada 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, más de 7 millones de personas visitan la Basílica. Eso en un solo día.

Al año pasan por el Santuario de la “Morenita” unas 20 millones de almas, aproximadamente dos millones más que de las que llegan a Ciudad del Vaticano.

Antes de salir, no dejen de pasar por la tienda de recuerdos y artículos religiosos. Honestamente, cuestan menos que afuera y se colabora con el sostenimiento del templo.

Bien, sigamos.



Justo al lado de la Basílica “nueva” tenemos la Antigua Basílica de Guadalupe, abierta a inicios del siglo XVIII, pero debido a que el templo sufría un hundimiento, se cerró desde 1976 hasta 1999.

Hoy es conocido como el Templo Expiatorio de Cristo Rey.

Nada más entrar nos encontramos con una estatua de San Juan Pablo II que nos da la bienvenida sosteniendo entre sus manos una custodia.

Las paredes llevan pinturas alusivas a la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe y cómo impulsó la evangelización de los pueblos americanos.

Al fondo, pueden encontrar un retrato de los mártires mexicanos, asesinados por odio a la fe durante la persecución religiosa de las primeras décadas del siglo XX.

Nada más salir de la Antigua Basílica, toca subir al Tepeyac, siguiendo un poco los pasos de San Juan Diego.

Tras un recorrido no muy esforzado, llegamos a la capilla del Cerrito, que recuerda -no en una ubicación exacta- las apariciones marianas.

Infaltables son las famosas “veladoras”, con las que los fieles devotamente piden a la Virgen interceder ante Dios por sus intenciones.

Y no olvide tomarse su foto del recuerdo por entre 30 y 70 pesos.

De regreso a los pies del Tepeyac, encontramos la capilla del Pocito, que data del siglo XVIII. Se construyó sobre un pozo cuyas aguas eran consideradas milagrosas.

Pase el turista o peregrino por aquí, y aproveche para encomendar algún anhelo especial.

Unos pasos más allá está una pequeña capilla algo desconocida

Más allá, oculta y sencilla, está la capilla de los juramentos. Ahí asisten personas dispuestas a dejar atrás sus vicios y problemas, confiando en la ayuda e intercesión de la guadalupana.



Y ahí cerca está la antigua Capilla de Indios, donde puede encontrar el primer lugar, bastante sencillo, donde se veneró la tilma milagrosa de la Virgen de Guadalupe.

Pasemos brevemente por el Convento de Capuchinas, que también albergó por algunos años la tilma de la Virgen de Guadalupe. Hoy podemos encontrar una bella pintura conocida como la Sagrada Familia Guadalupana: la Virgen, San José y el Niño Jesús.

Ahora volvamos rápidamente a la Basílica de Guadalupe para ver dos detalles poco conocidos que podemos encontrar a su interior.

Primero, el Santo Cristo del Atentado. Resulta que en 1921, cuando la imagen se encontraba aún en la Antigua Basílica, un desconocido escondió una bomba dentro de una ofrenda floral.

La explosión dañó las gradas de de mármol del altar, los candelabros y este crucifijo. El cristal que protegía la imagen de la virgen no sufrió un rasguño. Para el pueblo fiel mexicano, se trató de la imagen de Cristo defendiendo a su Santa Madre.

Y otro detalle especial, muy poco conocido, es que hay una imagen de la Virgen de Guadalupe en altorrelieve, para que los ciegos puedan tocar sus detalles. La acompaña un texto en braille.